La transición energética en América Latina atraviesa un momento paradójico. Mientras la región atrae inversiones históricas en proyectos de generación limpia, la infraestructura física para transportar esa electricidad no está creciendo a la misma velocidad. El resultado es un fenómeno conocido técnicamente como curtailment o vertimiento: energía solar y eólica de gran valor que se pierde simplemente porque las redes de transmisión están saturadas.
El costo de la ineficiencia: Cifras que alertan a la región
El desfase entre la capacidad de generación y las redes de transporte ha dejado de ser un problema técnico para convertirse en una crisis económica. En 2024, Brasil desechó el 10% de su energía eólica y el 17% de su solar, lo que se tradujo en pérdidas de casi US$873 millones.
Por su parte, Chile no escapa a esta realidad. Durante 2025, los vertimientos de energía renovable alcanzaron los 6.084 GWh, un incremento del 7,8% respecto al año anterior, según datos de ACERA. Pablo Varela, director ejecutivo de Aggreko para América Latina, enfatiza que el problema no radica solo en «instalar por instalar», sino en diseñar sistemas que permitan llevar esa carga de manera eficiente hasta el punto de consumo.
El auge del almacenamiento y las soluciones híbridas
Para mitigar el desperdicio, la región ha comenzado a mirar hacia las tecnologías que ya son estándar en mercados desarrollados: el almacenamiento mediante baterías (BESS). Estos sistemas permiten capturar los excedentes de producción durante las horas de pico solar o eólico para liberarlos cuando la red tiene capacidad o la demanda aumenta.
Brasil y Chile ya lideran subastas de almacenamiento, reconociendo que sin baterías, la transición energética se estanca. En este contexto, empresas como Aggreko han anunciado inversiones de CAPEX de US$216 millones para 2026destinadas principalmente a soluciones renovables híbridas y sistemas de almacenamiento en la región, la mayor inyección de capital en dos décadas.
Crecimiento de la demanda: El factor «Data Center»
La presión sobre el sistema eléctrico no proviene únicamente de la oferta ineficiente. La demanda está experimentando una transformación inédita impulsada por la digitalización. En el pasado, una ciudad podía tardar diez años en aumentar su demanda en 500 MW; hoy, la instalación de un solo centro de datos puede disparar ese consumo en apenas doce meses.
Este aumento exponencial genera una inestabilidad que afectará la planificación energética de los próximos diez años. Sectores como la minería de cobre y oro, así como el repunte industrial en México y Ecuador, exigen una red robusta que soporte tanto el volumen como la intermitencia de las fuentes renovables.
Entre la utopía del «Net Zero» y la realidad operativa
El compromiso global de alcanzar emisiones netas cero sigue siendo la meta, pero para muchos expertos operativos, la implementación 100% renovable sin considerar costos e infraestructura básica parece, por ahora, una utopía. El riesgo es encarecer el suministro o dejar sin electricidad a comunidades vulnerables en el afán de cumplir métricas ambientales sin el soporte técnico adecuado.
Costa Rica es un caso de estudio relevante. Con una matriz que alcanza el 99% de fuentes renovables, el país ha enfrentado amenazas de apagones debido a su dependencia de la hidroeléctrica y la falta de fuentes de respaldo adicionales. La implementación rápida de soluciones térmicas y solares con baterías ha sido clave para estabilizar su red, demostrando que la ejecución ágil es tan importante como la visión a largo plazo.

